Samuel cumple ante el pueblo la voluntad de Dios.
1 Samuel 10.17-27
Los profetas tenían una labor muy difícil en términos puramente humanos: hablar al pueblo las palabras de Dios. Era común ver dos tipos de actitudes en este contexto:
Actuando en obediencia a Dios. Aún a pesar de no estar de acuerdo con la petición del pueblo en esta ocasión (1 S. 8), Samuel hace lo que Dios le ha indicado fielmente. A Moisés le ocurrió en diversas ocasiones la misma experiencia al punto que, cuando dejó de obedecer la voz de Dios, tuvo que pagar las consecuencias de manera muy triste. (Núm. 20.2-13)
El profeta cumple fielmente aquello que le ha pedido el Señor, es decir, recordar al pueblo el significado de su petición: "vosotros habéis desechado hoy a vuestro Dios" (19) y le instala un rey, un gobernante que, de acuerdo al pensamiento del pueblo , les haría ser como los demás pueblos. Seguían sin entender lo más valioso que tenemos de Dios, su compañia y cuidado permanente.
Actuando con temor y duda. Saúl, lleno de miedo, toma la desición "mejor" para el momento: huir y esconderse. Sin embargo, además de que no había manera de ir muy lejos, él mismo no tentendía de quién era el llamado, lo cual manifiesta claramente lo que hizo. David, tiempo después entendió y declaró esto mismo (Sal. 139.7-8). Si Saúl hubiese entendido que Dios era quien le llamaba y respaldaba, con seguridad su actitud habría sido diferente. Rápido olvidó el cambio ocurrido en su corazón. (1 S. 10.9)
Alberto Sotres - Encuentro con Dios
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